Más Sangre de verdad, por favor

Vampiros y Vaqueros. Dos géneros que han existido desde los primeros tiempos del cine. El cine de terror dio comienzo, precisamente, con una de vampiros: Nosferatu, eine Symphonie des Grauens (Nosferatu, una sinfonía del horror), en 1922.

El western tiene un origen incluso anterior: 19 años antes, en 1903, se realizó la primera película del oeste: The Great Train Robbery (Asalto y robo a un tren). Así que los dos géneros tienen casi un siglo de existencia.  Desde entonces, ambas miradas han dado innumerables obras maestras. “El Resplandor, “Alien“, “Psicosis“… nos han hecho temblar en este tiempo, y “Johnny Guitar“, “Sólo ante el peligro” o “El hombre que mató a Liberty Valance” han alimentado el hambre de cabalgar hacia el horizonte.

Conocer de donde vienen las cosas me parece bastante importante para juzgarlas. Es cierto que sobre gustos no hay nada escrito, y que evidentemente es natural que te guste (o te divierta) más una película moderna del Oeste o de Terror moderna que una antigua.

Todo esto viene a que estamos viendo la serie televisiva True Blood y también ha caído en nuestros ojos la obra de los Hermanos Coen No es País para viejos. De la primera, sólo puedo decir que nos tiene enganchados. Un guión sugerente, basado en personajes poco pretenciosos, casi caricaturas, pero sin caer en lo absurdo. Pura diversión, pero basada en una estructura muy bien construida. Se basa en lo que “conocemos” de los vampiros, en nuestra historia visual y cultural, para a partir de ahí contarnos una historia sin pretender  más que entretenernos. Moderna y clásica a la vez.

Y ahora viene la segunda. Película pretenciosa, que aprovechando el lenguaje del Western clásico, pretende reinventarlo. Los Coen se miran al espejo y se sacan del bolsillo una burda continuación del ambiente y la historia de su interesantísima Fargo. Pero son los Coen, y se creen en el cielo de los creadores, adulados por todas partes por legiones de fans a los que tan sólo les importa su firma para calificar de “gran película” a cualquier cosa que ellos tramen. No es país...” es una película menor y sin embargo pretende ser grande a través de la utilización de trucos mil veces utilizados. En lugar de aprender de la historia del cine y continuarla, tienen la pretensión de reinventarla. Vamos a contar una historia, dicen, y se olvidan de cómo se cuenta. Vamos a dejar media película sin resolver, porque resulta que sólo importa el mensaje: los tipos malos son muy, muy malos, y no piensan en los demás. El Oeste ya no es lo que era. Joder, Liberty Valance ya opinaba lo mismo, y lo mató James Stewart. A lo mejor los Coen no han visto la película, o a lo mejor quieren vender mejillones como si fueran ostras. Teniendo en cuenta que sus fans dirán que son esto último, ¿Qué más da a lo que sepan?

Para que la película funcione, claro, el malo tiene que ser muy malo, con mucha “personalidad”, así que le hacemos que casi no hable, salvo algunos gestos o frases puntuales. Coño, igual que Chuache en Terminator. Lástima que sea Javier Bardem. No hay nada como poner cara de palo para conseguir un Oscar. Que se lo digan a Dustin Hoffman en “Rain Man”.

En fin, todo es opinable, claro. Habrá gente que no esté de acuerdo y gente a la que no le gusta nada. Pero asi me he desahogado, que uno tiene un blog también para cosas de estas. Yo me sigo quedando con la silueta de John Wayne recortada sobre la puerta de una casa de madera perdida sobre el horizonte.

Categorías:Cine en Sala 66, Peliculas, Series TVEtiquetas: , , , , , , , , , , ,

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