El Asesino que robaba sueños II

Viene de…

– Hola, mi nombre es Isabel.

Y me clava su mirada en sitios donde yo no sabía que se podía hacer tal cosa. Me la clava en recuerdos, en sensaciones tan olvidadas que empezaban a tener un color sepia y a parecer de otras personas. En mi trabajo es mejor no sentir según que cosas. Noto el peso de la pistola en su funda y la ginebra azul no me quita el mal sabor de boca.

– Hola. Aunque creas lo contrario, es todo un placer. Soy Andrés.

Porque ella sabe quien soy, de eso no hay duda. Y yo se lo que me producen esos labios, ese cuerpo y esos ojos. La sensación de que merecería la pena dejarse herir por ellos, o la seguridad de querer ver lo que esconden, porque hay promesas que no se pueden cumplir, pero estoy seguro de que lo que prometen esos labios es una verdad de las absolutas, como que la lluvia moja.

– Tienes algo que no te pertenece. -Debo dejar de pensar en ella, aunque sea difícil hacerlo. Aferro con una mano el vaso de ginebra azul, y con la otra rebusco mi canica azul. Eso siempre suele funcionar.

– ¿Por que te dedicas a esto? – Si fuera sordo, y a pesar de estar enfrente de ella, no hubiera podido leer esa frase de sus labios, porque me ahogo en su mirada.

– Me hubiera gustado ser taxista, pero no se me dan bien los planos. -Tiene que haber alguna manera de salir de esa mirada sin heridas visibles, o quizás…. quizás nadar en ellos hasta desembocar en sus labios.

Me sigue mirando mientras enciende un cigarrillo, aspira y expulsa el humo, que no logra distinguirse de ninguna manera del que ya flota en el ambiente.

– ¿Y no vas a preguntarme por mi sueño? -Es verdad que me conoce. Saco la canica azul y la coloco entre las curvas de las que intento escapar y mi vaso ya casi vació de ginebra. No me siento capaz de decir nada interesante, así que me encomiendo al roce de mis dedos sobre la pequeña esfera… ¿Como será rozar su piel?

– Te llaman El asesino de la canica azul, el ladrón de sueños. -su mirada hace juego con su escote, y ambos juegan con partes de mi que a mi edad no deberían parecer las de un chaval de quince años.- Antes de matarme, me tienes que pedir un sueño. Eso dicen por ahí. Y lo guardaras en esa canica azul, ¿verdad?

– Más o menos -De la trinchera que todos los asesinos tenemos salta un pensamiento para decirme que a mis manos las gustaría sentir a que sabe la piel que está debajo de ese vestido negro, y el deseo me hace moverme en la silla. Y juraría que ella sabe lo que pasa.

– Ahora mismo se me está ocurriendo uno – y su mano recorre casi transparente el espacio que la separa de la mía. Y no se como coño consigue que me duela el alma ese contacto, y a la vez que quiera que el perchero desaloje el local y consiga quitarla el vestido y besar su pecho, y su sexo, y sus labios, y esa mano, sobre la misma mesa que ahora mismo nos separa.

No hablo, en parte porque me es físicamente imposible hacerlo, y en parte porque mi boca se niega a realizar ninguna otra acción que no sea perderse entre esos labios de promesas infinitas. Cuando vuelvo de donde me había enviado el roce de sus manos, la visión de sus piernas alejándose tiene el efecto de aceite caliente sobre la silla. Intento no parecer demasiado torpe, pero envidio al perchero su facilidad para moverse entre aquella agrupación de sillas y mesas aparentemente sin sentido. Pienso que su culo parece hecho para que todo el mundo tuviera tantas ganas de que se acercara como de verse alejarse.

Y la sigo. La sigo a pesar de las sillas, las mesas y del Perchero que me mira con cara de poco amigos. La sigo a pesar de que se que esta historia sabe a derrota de las grandes, a charcos en mi boca y fosas nasales al final de la caída que supone. Pero una vez me dijo alguien que hay labios y miradas a los cuales merece la pena lanzarse, sea cual sea la altura del precipicio desde el que lo hagas. Le perdone la vida por aquella frase, y puede que este jugando con la mía por comprobarlo.

Desaparece detrás de una cortina. Y yo se que el resto de mi vida comenzará cuando la siga.

(continuara)

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10 Comments

  1. aunque no continúe…

    te aseguro que se me ha entrecortado la respiración…

    esa descripción del deseo….buf..sin palabras..

    y ese “me duela el alma con ese contacto”.. (prefiero callarme)

    un beso… me saco el sombrero.

    Me gusta

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