Hashimuri

Se echan 4 cucharadas de azúcar en un recipiente, tipo “Mini”, como de un litro.

Y nos pedimos el primero. Los dos acoplados a la barra de ese bar que tu y yo sabemos, y yo acoplado a la barra de tus labios, que me encanta como los llevas hoy. Y dos pajitas acopladas al vaso. Y entablamos batallas. Mis ojos con tu cuerpo. Tus piernas sin fin con mis manos. Mis labios con tus hombros. Y siempre vencen tus sonrisas. Y por ahí, entre ceniceros de Bacardí, grifos de Heineken y anuncios varios de bebidas que nunca probaremos, va creciendo algo que antes llamábamos deseo y que ya no podemos porque se nos han quedado cortas cinco letras.

Se echa mucho hielo, a gusto….

Y pedimos el segundo. Y jugamos a juegos que existen desde que nos rozamos por primera vez. Yo te digo lo guapa que estás esta noche, porque es verdad y porque me da la gana. Y tú escondes un segundo tu mirada, y mi mano la saca otro segundo después. Y siempre hay un “aquí no” (a veces un “estate quieto”), cada vez que mi mano (te lo juro, es ella solita, que mi cerebro no sabe nada), se adentra en tu escote o en tus piernas. La verdad es que algo entre mis piernas se envalentona tan sólo de jugar a esa suerte.

1/4 parte de Martini Bianco

Ya no pedimos el tercero, porque nuestras miradas hace tiempo que hablan solas. No sé que tienen tus instantes para que siempre cerremos los bares. Ya no pedimos el tercero, porque nuestras manos se dividen entre pagar la cuenta, buscar los abrigos, despedirnos e ir rozando nuestros cuerpos sin querer pero queriendo mucho. Son muchas cosas para pocas manos. Ya no pedimos el tercero porque sólo tenemos peticiones de caricias, de besos, de recorridos completos con vistas a tu cuerpo.

1/4 parte de Ron

Y nos bebemos miradas en la calle. Y respiramos el aire frío y nos juntamos. Y hablamos de deseo, con frases que nos salen desde el sexo. Yo te digo lo que voy a hacer contigo, y tú dices que lo quieres, pero que yo no me voy escapar vivo. Y la noche es testigo, como dice la canción, de esta inmensa locura. No te puedo querer más, no me puede caber mucho más deseo. Podría andar desnudo, podría gritar como en un anuncio cualquiera de perfume con frase inglesa en su final. Pero estoy demasiado atento a tu presencia, a un perfume extraño que salta de tus pasos, de tu cintura entallada con mi brazo, de tu cuello a cada beso, y que me embriaga, me llena y me descoloca. Y llegamos al portal, y al ascensor, y al cielo, dicen mis manos mientras intentan abarcarte toda, y mis labios mientras prueban el sabor verdadero de las nubes de los tuyos. Y tú me recibes como a las buenas noticias, como al bocata del recreo, como el agua en el desierto. Y te abres, y me empujas y me atraes y das dos giros al deseo. Y no sé cuanto tiempo tardamos en meter una simple llave en una simple cerradura, que si es el cielo, bien hubiera podido estar San Pedro.

1/4 parte de Ginebra

Pero para que quiero el cielo si tengo tus besos en mi cuello, tus manos en mi espalda, el pantalón en el suelo, las medias le acompañan, mis dedos en tu sexo y el agua en todos lados.

Hacemos del recibidor un armario ropero, sin perchas, todo por el suelo. Y me arrodillo ante lo único que merece tal postura. Ante tu cuerpo, ante tu sexo, ante tus labios rebosantes de agua de deseo. Y pruebo esos labios con los míos, los abarco, los aprieto, los exploro, los descubro, los corono con mi lengua, los aprieto. Y te derrumbas como se debe derrumbar un viento, levemente, con los ojos cerrados, las piernas temblando, los pezones ardiendo.

1/8 parte de Fanta de limón y 1/8 parte de Fanta de naranja

Para que salir de allí, si recibidor se llama y recibirme quieres, y visitarte debo. Y mi sexo erguido te empuja con mi cuerpo, con mi alma. Y penetro entre tus sueños, entre el agua mezclada de mis labios y el deseo. Y me muevo en ti, por ti, para ti, hacia ti, fuera y dentro de ti. Te apoyas contra la pared y me ofreces tu sexo. Y admiro tus piernas, tu culo, tu espalda, tus manos abiertas. Y con mis manos en tu cintura descubro el millón de letras que componen una palabra como placer.

Remover bien y servir.

Categorías:Cuentos, Viento en las velasEtiquetas: , , , ,

20 Comments

  1. fernando

    Muchos recuerdos me traen a la memoria tú relato, de muchas tardes/noches pasadas en ese bar (que no lo dices pero entre líneas deduzco cual es ¿zona de Bilbao, esquina calle Luchana?), y con esa bebida……eran otros tiempos, pero buenos recuerdos.

    Saludos.
    Fernando

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  2. Mae mía!
    Estoy más mala que un perrillo chico. Por todo.
    Lo primero, porque aquí ando con una coca-cola light de m* ¡ y sin aliñar!
    Y a ver como saco a Palop de la radio mientras retransmiten el Carrusel.
    …Sólo me queda el paquete de Winston, snif.

    Sublime niño.
    Elegante y calentorro a la vez (ya, ya sé que no es mú fisno el comentario, pero ya me conoces)

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  3. Y luego yo soy la salida. Claro, claro… ó – mejor dicho- goaaaaarr, goaaaarr.

    Ains, pero yo no bebo. Tendré que buscar el Hashimuri, que me suit y me fit. *cough

    Por otro lado, la compañia Kir desea darle la enhorabuena por haber conseguido que Kir no haya gritado ningún ¡Ñoño! durante la lectura el texto. También queremos expresarle nuestro *OMG! por haber obtenido la puntuación de: “Oh, que potito y elegante y porno-erótico-festivo”

    [Aplausos]

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