Un libro de tapas azules (2/5)

viene de aquí

Tardó algunos días en volver. Y aquellas frases escritas sin darme cuenta en un papel, se transformaron en una multitud. No es que ya no me diera cuenta de lo que escribía, pero a veces tenía la extraña sensación de ser un simple espectador de mi mano trazando rápidamente palabras sobre el papel. Nunca había escrito tanto ni tan rápido. Historias sobre una desconocida. Historias en las que mis caricias la conquistaban, la seducían, la extasiaban:

“La dije que permaneciera de pie, frente a los libros, sin moverse. La pedí que se levantara el vestido lentamente. Y lo hizo, desde luego desesperada y maravillosamente lento. Podía definirlo a la vez como una eternidad o como un instante. Sus piernas, sus medias negras, sus curvas de horizonte…”

Y me di cuenta de dos cosas. La había empezado a llamar Sonia, y ni siquiera había cruzado dos palabras con ella, salvo un educado buenas tardes. Y nunca retrataba su rostro. Siempre la poseía de cara a los libros. La verdad es que no era consciente de haber pensado de antemano ninguna de las dos cosas, antes de escribirlas. En cuanto al nombre, la verdad es que me encantaba. Siempre había jugado a probar los nombres de mujer junto con una frase, y comprobaba así si de verdad me gustaban, y este era perfecto: te quiero, Sonia. En cuanto a lo del rostro…. No podía pensar en otra cosa que en probar sus labios, y sin embargo, seguía escribiendo…

“Mis manos nadan en tu pelo de agua mientras mi sexo aguarda firme frente a tu espalda, y te muestra extensiones olvidadas. Sonia. Repito tu nombre al tiempo que tu cuerpo se mueve sin dirección fija para sentir aquello que deseas en tu interior. Cuando eres consciente de que no puedes más, deslizas tu mano entre tus piernas y guías al viajero hacia tus puertas. Te penetro, te poseo, te lleno de tal manera, que tengo que cerrar los ojos y repetir tu nombre para no ahogarme en tantas sensaciones…”

Así que cada ruido en la puerta de la tienda era seguido de una mirada de deseo, y desesperación. Cada frase escrita, cada encuentro descrito, cada palabra en aquellos papeles me llevaba más y más cerca de querer, de necesitar, que volviera a entrar por aquella puerta.

Y volver a buscar sonrisas en la dirección de su mirada

sigue aquí

Categorías:Cuentos, Viento en las velasEtiquetas: , , , , ,

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