Historias de bolsillo

Para un escritor, Twitter ofrece un ejercicio mental excepcional. La posibilidad de crear pequeñas historias, acotadas siempre a 140 caracteres, y que se ofrecen de inmediato a las personas al otro lado de la pantalla, conociendo casi al momento su reacción. Algo asó como un pequeño kiosko virtual de microrrelatos. Si gustáis…

El espejo no se atrevió a devolverle la imagen real de lo que veía. Le había cogido cariño después de tantos años.

Aquel médico era tan rápido que sólo atendia im-pacientes

La recorrió con sus manos, como si fuera a quedarse ciego y quisiera archivar todos sus perfiles.

Bebió para olvidarla, y lo único que consiguió fue verla doble.

Arturo no habría podido sacar Excalibur de aquella mirada fría.

Iba vestida sólo con mis miradas, y por Dios que la resultaban ajustadas.

Aquel hombre tuiteaba como si le fuera la vida en ello, pero tenia que aprovechar que le hubieran enterrado con su Iphone.

Cuando murió aquel anciano gruñon, bajo el colchón le encontraron 6 millones de Te quieros en billetes pequeños.

Conocí a dos tipos. Uno de ellos con los bolsillos llenos de dinero. El otro, llenos de amor. Me puse a seguir al que sonreía.

Aquel hombre andaba como si estuviera muerto, a lo mejor por eso no escuchaba los gritos de la gente llamándole fantasma.

La Bolsa cayó, y hubo que recoger a todos aquellos brokers desparramados por el suelo.

Por mas que quería estar solo, la soledad siempre le acompañaba.

Se despidió, y a partir de ese día sintió frío en la yema de los dedos.

No fue un beso. Fue una historia corta, de principios vacilantes y finales inciertos.

Su mirada era tan profunda que daba miedo ponerse al borde.

¿Quién eres? – Dímelo tú – Diría que un sueño – Pues espero que sea de los de soñar despierto.

Hay gente que guarda noches de besos en baules grises, junto con los lápices Alpino y los poemas infantiles. Y ya no saben pintar.

Cuando se fue, el piso estaba en absoluto silencio, 8, segundo izquierda.

Se miro al espejo, se ajusto los guantes, y se preparó para afrontar siete años de mala suerte.

Todos tenemos el mar dentro, por eso las lágrimas saben a sal.

Para aquel mago, la mano siempre era más rápida que la vista, hasta que entró ella y la desnudo con la mirada.

Nunca debió decirle a aquella perdiz que era un cuentista.

La dijo adios como quien se acuesta pensando más en que tiene que descansar que en el dia que se acaba.

Te quiero, le dijo. Lo malo es que nunca le aclaro para qué.

En el primer café del día se podrían beber los sueños que no recordamos de la noche anterior.

Era su última pelea, y no iba a dejar que aquella sombra le venciera. Asi que se dejo caer para aplastarla.

Debería haber contenedores separados para los pensamientos basura.

Aquel hombre no paraba de reirse de mi, y eso que soy un simple espejo.

La noche cayó tan deprisa que la gente corrió a protegerse a los soportales de la plaza.

Se podía caminar en aquella mirada como en una tarde de mayo.

Vió un papel arrugado. Y se fue triste.

Hay gente que parece una casa con habitaciones vacias.

Te quiero, le dijo. Lo malo es que nunca le aclaro para qué
No buscaba sólo un sitio donde caerse muerto, buscaba un sitio que tuviera la altura suficiente

Categorías:Desde esta parte del Patio, Por aquí dentro, TerceraEtiquetas: , ,

16 Comments

  1. Es muy dificil quedarse con uno, son todos muy, muy buenos, pero apurando me quedo con: “Conocí a dos tipos. Uno de ellos con los bolsillos llenos de dinero. El otro, llenos de amor. Me puse a seguir al que sonreía”
    Un abrazo

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