El esclavo que se envió a la libertad

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El 23 de marzo de 1849, Henry Brown era un esclavo que vivía en Richmond, Virginia. Un día después, el señor Brown era un hombre libre a 600 km. de distancia, en Philadelphia. Este hecho no dejaría de ser una historia más de las miles que debieron producirse en aquella época en los Estados Unidos, si no fuera porque el método elegido por el Sr, Brown fue enviarse a si mismo por correo urgente.

Con la ayuda de antiesclavistas del Norte, que se ofrecieron a ser los receptores del “envío”, Henry se metió en una caja que a duras penas podía contener sus 90 kilos de peso, dedicada en principio para alimentos, puso en la tapa de la caja “este lado hacia arriba con cuidado”, y durante un viaje de 27 horas, cruzó el país por barco, ferrocarril y carreta hasta llegar a las manos de James Killer McKin, un abolicionista de Philadelphia. El viaje le costó la mitad de sus ahorros, 86 dólares, y desde luego no fue de placer. Varias veces pensó que no lo conseguiría, ya fuera por las dificultades de tener que estar en una posición que le impedía respirar, o por la cercanía de la caja a demasiadas personas que podían descubrirle.

A pesar de que tanto McKin como otros antiesclavistas no quisieron darle publicidad al asunto para no “quemar el método” y que otros esclavos pudieran seguir el mismo camino, la historia saltó a la luz y se convirtió en una pequeña leyenda para la sociedad de la época. Henry describió el viaje en una autobiografía ese mismo año, y lo convirtió en una especie de espectáculo teatral que ofrecío en Inglaterra, donde tuvo que huir para evitar ser devuelto a la esclavitud. Eso si, Henry Brown ya se había convertido en Henry “Box” Brown, y la compañía que había efectuado el envío, Adam Express, había indicado a sus agentes que se tuviera mucho cuidado de “Cajas que emitieran gruñidos”. Ninguna persona más lo consiguió.

La historia con más detalle, en el blog City Room y la Wikipedia (ambas en inglés)

La imagen que muestra la “recepción” del paquete es una litografía de 1850 de Samuel Rawse

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Categorías:Historias a mi maneraEtiquetas: , , ,

15 Comments

  1. Una historia sorprendente,la desconocía por completo.
    Hoy día muchos africanos viajan escondidos en coches y camiones buscando llegar a Europa, y de las pateras ni que hablar; todas ellas historias parecidas.
    Un saludo.

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