Tan sólo unas flores

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Estaban allí, al borde de un descampado en las afueras de Madrid. Ladeando una calle cualquiera de uno de esos barrios de nueva creación. De esos barrios que podian ser de Madrid o de Barcelona, de León o de Valladolid. Quizas un día el descampado sea un centro comercial, o un bloque de viviendas con piscina interior, de esos donde la comunidad de vecinos se reune en mayo en la piscina y los niños olvidan la palabra calle. Desde esos edificios nadie mira al descampado. Y las flores de mayo, recién salidas, no son admiradas ni recogidas por nadie. No acompañaran un poema de la madre ni el tartamudeo nervioso de un amante. Alli quedarán hasta que un promotor decida. Campo en medio de cemento. Como una aldea gala en medio de campamentos romanos. Y sin embargo, ellas son más de Madrid que nadie. Durante siglos flores como estas han nacido, crecido y esparcido sus semillas por los campos que una vez fueron de Castilla, y antes de Hispania o de un reino musulmán.

Y ahí están, tan bellas como comunes. Tan ignoradas como altivas. Luchando por mostrar su belleza en un mayo de Madrid. Nadie las mira, pero ellas nunca han sido flores por eso. Han sido flores porque toco en la loteria de algún dios ludópata que lo fueran, y ellas llegaron a aquel descampado en tiempos donde nadie podría haber hecho más que cabañas a su alrededor.

Asi que se merecen ser modelos por un día. Y llenar las páginas de un blog, y tener sus 15 minutos de fama, y vivir aqui aunque algún día el descampado sea carne de ladrillo.

Categorías:De Madrid aqui, Miradas66Etiquetas: , ,

12 Comments

  1. Nuria00

    Echando la vista atrás tan solo unos años, puedo recordar muchos sitios como éste, bañados de flores, que ahora ocupa el hormigón.
    Por eso intento disfrutar de los bellos rincones naturales que aún quedan en Galicia, en el entorno más cercano, antes de que algún especulador vuelva a pensar en contruir.

    Bonito homenaje a la sencillez Adolfo.

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  2. Siempre estarán ahí, por más que queramos ocultarlas bajo montañas de cemento, siempre consiguen escapar por una grieta o hacerse una comuna en el lateral de una carretera. Demostrándonos que todo lo que podemos crear no es nada comparado con la fuerza y persistencia de la naturaleza.

    Precioso homenaje. Un abrazo.

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  3. La naturaleza tiene sus fueros. No es fácil leerlos si sólo se pretende suplantarla como supuesto rey de la creación.

    Edificamos, por ejemplo, en torrenteras. Luego, si viene la riada que arrastra nuestro chalet, reclamamos ayudas o compensaciones.

    Vivamos a espaldas, uncidos sin más al carro del progreso. Mientras este no arramble con los ciclos naturales, las florecillas silvestres brotarán por entre las rendijas de la lápida. En un nicho, obviamente, es más difícil. Aunque en otros nichos podemos plantar geranios para dar un poco de color a cemento y ladrillo.

    Mes de mayo, mes de flores… Todavía.

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