El Teorema de las habas

Me llamo Pitágoras. Algunos dicen de mi que puedo viajar en el tiempo, lo que me permitía estar en varios sitios a la vez. Ojalá fuera verdad eso en este momento. Me considero un tipo inteligente. En realidad, bastante inteligente, aunque muchos piensen que tan sólo soy un vendedor de humo, un farsante, un simple recopilador de ideas ajenas que transformo y vendo hábilmente como propias. Quizás debí controlar más esa mala fama, y no me encontraría ahora delante de un maldito campo de habas. Oigo acercarse a Cilón y sus secuaces. Y estoy sólo. Ahora no me sirven de nada mis frases, mis discípulos o mi influencia política. No hay triángulos ni teoremas. Ni siquiera me consuela pensar que mi alma seguramente migrará a otro cuerpo cuando ese descreido de Cilón me alcance y me asesine. Al menos eso es lo que yo he contado a mis alumnos. Claro que suena distinto ahora, cuando estoy a punto de comprobar en la práctica si es cierto. No es exactamente lo mismo que te metan una cuarta de hierro en el cuerpo que convencer a los descreidos diciendo que has vuelto de la muerte con el viejo truco de la habitación subterranea, o de que reconoces al espíritu de un viejo amigo en el lamento de un perro apaleado. No, no es lo mismo.

Y mira que sería fácil escaparme. Tan sólo cruzar un maldito campo de habas. Me cago en la madre que parió a las habas y al momento en que me dió por tomarla con ellas. Que si se parecen a las puertas del Hades, que si se parecen a los organos sexuales…. valiente mierda la que se me ocurrió. Hasta un libro tuve que escribir. Y he aqui que el menor de mis enemigos, el que a la postre parecía más humilde e inofensivo, es sin embargo mi asesino, el que me impide huir de la espada de mis perseguidores. Por que tan sólo si hubiera atravesado este campo de habas que se extiende ante mi, podría haber escapado. Pero tuve que ponerme a pensar en mi reputación, en que pasaría si se corriera la voz de que el gran Pitágoras había tenido que huir a través de un campo de la planta que tanto odiaba. Pero ya es tarde, la disquisición me ha retrasado y ya oigo los gritos avisándome que me han visto. Esto va a doler. Si lo hubiera cruzado, si me hubiera olvidado de mi prestigio y del “que dirán mis alumnos”, no estaría….

Nota del autor (o sea yo): Aunque nadie lo sabe a ciencia cierta, una de las leyendas que corren sobre la muerte de Pitágoras es, efectivamente, que murió al verse atrapado por sus perseguidores al no querer escapar a través de un campo de habas -o alubias, como las llaman en el video-. Las mismas alubias que provocaban que el alma se escapara del cuerpo)

Categorías:Historias a mi maneraEtiquetas: , ,

9 Comments

  1. La leyenda de las habas no la conocía. Muy entretenida, aunque yo creo que eso está más relacionado con la rigidez de los principios de cada uno, supongo que todos tenemos nuestras habas en algún lugar.

    De todos modos yo sí que creo que la escuela pitagórica lo clavó cuando redujo todo el universo a lo par y lo impar…unos y ceros…unos visionarios.

    Salu2

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s