Juicios

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24.000 kilómetros. Eso es lo que les quedaba por delante a los cuatro integrantes de la tripulación del yate Mignonette, la distancia desde Southampton (Inglaterra) a Sidney (Australia). Sus nombres eran Brooks, Stephens, Dudley y Parker. También iban a recorrer una linea difusa entre el bien, el mal, el cerebro, el corazón, el estómago y el alma, pero no eran conscientes de ello el 19 de mayo de 1884, cuando comenzaron la travesía para transportar el barco, de tan sólo 16 mts de eslora, hasta la persona que lo había comprado en Australia, el abogado John Henry Want, para utilizarlo como embarcación de recreo.

Todo fue bien hasta el 5 de julio, cuando la embarcación se encontraba a unos 2600 km al norte del Cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica. Para proporcionarse un mejor descanso y ante una tormenta en principio sin ningún riesgo para el barco, el capitán ordena un cambio de rumbo y que el grumete Parker prepare unas tazas de té. Nunca llegaron a tomarlo. Una ola golpea la embarcación y la hiere de muerte. En apenas unos minutos, la vida se hace números. Una barca, 4 metros, 4 personas, 6 mm de espesor de las tablas, 2 botes de conserva con nabos, 1 millar de Km hasta la tierra más cercana, y 0 litros de agua.

Presos en una barca, en una prisión que tiene horizontes en lugar de paredes. A pesar de que logran capturar una tortuga que les proporciona algo de comida, hacia el 13 de julio comienzan a beber su propia orina. Y quizás también comienza a recorrer su mente ideas que jamás pasan por nosotros si no vemos de cerca a una señora negra con guadaña. Los horizontes de su celda debían parecer losas gigantes. La sed, el hambre, la inmensidad. Tres ideas girando en la mente como los cubiletes del trilero. Adivina donde está la idea que hemos escondido. Y esa idea sale por primera vez a los 10 días de encierro en la barca. ¿Y si la muerte de uno salva a los otros? Y a partir de esa primera puesta en escena, hay un quinto tripulante. Una señora negra que espera y sonrie. Y la idea pesa, cada hora, cada día. No hay otra cosa que hacer, no hay otra cosa que pensar que en seguir vivo. De un lado, la humanidad y la moral, tan aparentemente lejana como la tierra que no pueden ver. De otro lado, la mera supervivencia personal, el miedo a ese quinto tripulante que puede que termine siendo el único y seguro superviviente. Podemos imaginar que en muchas ocasiones, ni siquiera se mirasen, por miedo a que los otros pudieran leer la desesperación en los ojos del otro.

Cuando pasan dos semanas del naufragio, el más joven de ellos, Parker, cae en lo que parece un estado de coma, probablemente por beber agua del mar. Y entonces las ideas salen a borbotones, como si fueran el agua que les falta en su gargantas. Dos defienden que el inconsciente les daría la vida. El tercero mira el horizonte buscando una respuesta. 5 días más siguen discutiendo. 120 horas de un juicio sobre la propia vida, la supervivencia. El bien se viste de mal, el mal se disfraza de bien, la ética o la moral simplemente no existen. Todo es mar, horizontes, hambre, sed. El 25 de julio, una navaja acaba con la vida de Parker, y su cuerpo da las suficientes fuerzas a los otros tres para sobrevivir, náufragos del mundo, de la sociedad, de todo aquello que estaba al lado de la linea que habían cruzado.

Tan sólo 4 días después, un barco les recoge.

No es la primera vez ni será la última que el mar o la desesperación es testigo de hechos similares. Sin embargo, si será la primera ocasión en que los protagonistas son juzgados y caso crea jurisprudencia (al menos británica) sobre si la necesidad de supervivencia puede ser una excusa para el homicidio. En contra de la opinión popular, que apelaba a una “ley del mar”, fueron condenados a muerte, aunque luego se les conmuto la sentencia por la de cadena perpetua. Así, los hombres juzgaron entre paredes aquello que ocurrió en un lugar que empezó siendo una barca en el Atlántico para terminar en el interior de cuatro hombres más allá de su propia existencia, en una prisión de horizontes.

(foto: la barca del yate inglés Mignonette, exhibida en Falmouth en 1884. Fuente, Wikipedia)

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10 Comments

  1. Tu forma de narrar, engancha de tal forma, que se pueden vivir en la mente de forma absolutamente real, la angustía, el miedo, la desesperación de aquellos largos días, y tan solo con unas pocas lineas. De verdad eres grande escritor.
    Un abrazo

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  2. Simpliciuss

    Estupendo y escalofriante post. Existe un famoso precedente, causa de gran escándalo en su tiempo, el naufragio de La Medusa a principios del XIX. Por cierto, el famoso cuadro de Géricault “La balsa de la Medusa” que fue rematado con brea, se está deteriorando a pasos agigantados, apenas se aprecian ya las figuras.

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  3. Totalmente de acuerdo con Triana. Qué bien escribes, qué bien lo cuentas. Conseguir crear opresión y claustrofobia en un espacio tan abierto no está al alcance de muchos, y tú lo has conseguido con creces. Qué mal rollo de historia….pero qué placer leerla de tu mano.

    Un abrazo.

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  4. me sumo a las críticas positivas. Es genial todo lo que pasas por tu tamiz. Como lo cuentas y cómo nos haces partícipes.

    la historia es sobrecogedora. El juicio también. porque todos lo hacemos. NOsotros mismos les juzgamos leyendo tu historia. Es curioso el cargo por homicidio. Supongo que Parker tendría familia que quería respuestas. Pero también creo que la familia de Parker hubiera aplaudido la decisión si el del coma no hubiera sido él. En todo caso, increíble historia, horrible decisión

    besos

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  5. Juro que hace tiempo que no se me ponían los huevos de corbata de la forma que los tengo ahora mismo a medida que he ido leyendo el relato.

    Y doy la razón a una frase que citaré textualmente: “comienza a recorrer su mente ideas que jamás pasan por nosotros si no vemos de cerca a una señora negra con guadaña”. No es cobardía, es nuestro mero instinto animal de supervivencia.

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  6. Carlos A.

    Existe una historia que lo narra, escrita por Edgar Allan Poe, que se llama “Aventuras de Arthur Gordon Pym”, y en la novela, también se comen al cocinero, quien también se llamaba Richard Parker… ¿Coincidencia?

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