Una historia en Pakistán

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Hoy lunes, la historia no la cuento yo, tan sólo la copio de manera literal de la web de la ONG  “Save the Children“, Si después de leerla, quieres ayudar, esta es una manera de hacerlo.

Con 10 años Olfata es la mayor de cinco hermanos: Seema, de 9, Fozia,7; Faisal, con 5 y Sádica, las más pequeña con apenas 16 meses. Todos viven en el pueblo de Bhan, a la orilla del río Ushu, una zona montañosa en el distrito del Swat. A Olfata y sus hermanos les cuidan sus tíos y su abuelo, su padre está siempre lejos ya que trabaja como conductor en Arabia Saudí. Todos van a la escuela en el pueblo de al lado, Batanear. Olfata está en la clase II, sus hermanas en la clase I y su hermano Faisal, todavía en la guardería.

La familia de Olfata tiene varias hectáreas de cultivo de patatas en Bahan y también una docena de manzanos. “De los cultivos sacamos en torno a 300.000 Rupias (en torno a 2.700 euros) al año”, nos cuenta el abuelo del Olfata, Ajmer Khan.

A finales de Julio, las lluvias provocaron inundaciones en Khyber Pakhtunkhwa. Todas las zonas colindantes con el río Swat quedaron cubiertas por el agua. Muchas vidas y la gran parte de las posesiones de la población quedaron devastadas. El río Ushu, que alimenta el río Swat, también experimentó el azote de las inundaciones y acabó destrozando todo aquello con lo que se encontraba a sus paso.

La gente de Bhan supo por parte de sus vecinos río arriba, que su pueblo se encontraba directamente en el curso que estaba siguiendo el agua desbordada y que a su paso lo iba inundando todo. Empezaron a dejar sus casas de inmediato, reuniendo los artículos más importantes.

Olfata cuidaba de sus hermanos pequeños cuando un perro callejero empezó a dar bandazos en el saco de manzanas que llevaba. Asustados, los niños se dispersaron. Fozia se escondió en una casa abandonada cerca del río.

En menos de un minuto, Olfata pudo ver como el agua colapsaba la casa y barría la madera, las vigas, el tejado. Olfata también sabía que su hermana Fozia estaba dentro. Nadie pudo hacer nada mientras veían como la casa desaparecía entre las aguas.

El desplazamiento, la tragedia y el volver a empezar

Devastados, la familia partió en busca de refugio a la casa de un primo cerca de la ciudad de Kalam. Caminaron durante más de cuatro horas bajo la lluvia helada y cruzaron las montañas hasta llegar a Kalam. “Sólo pudimos conseguir algo de comida, lentejas, azúcar, té y leche en polvo”, nos contaba Olfata.

Cuando llegaron a Kalam, se instalaron en una habitación junto con otras cinco familias, también desplazadas, que estaban viviendo allí. Cansados, hambrientos y sin nada de dinero, la familia de Olfata dependía totalmente de su primo, al que ya le estaba resultando muy difícil mantener a su familia de siete. En Kalam, cerca de 300 casas, 320 tiendas y 48 hoteles han quedado totalmente destrozados.

“La primera semana, sólo comíamos una vez al día”, recuerda Olfata.

La familia supo que encontraron el cuerpo de Fozia en la ciudad de Bahrain, 40 kilómetros al sur de Ushu. Los tíos de Olfata caminaron hacia allí, identificaron el cuerpo y lo trajeron de vuelta a Kalam. Allí le ofrecieron un funeral en el que estaba toda la familia.

“Todo el mundo estaba llorando aquel día”, cuenta Olfata. “En ese momento no podía entender por qué pero más tarde supe que estaban enterrando a Fozia”.

“No sabíamos como decírselo a los niños, especialmente cuando apenas teníamos nada para comer”, reconocía Ajmer Khan, el abuelo de los niños.

Para añadir dramatismo a la tragedia, la familia supo que su pueblo quedó arrasado por el agua: todas las granjas, las casas y el mercado principal no son ahora más que montañas de barro y piedras.

Una semana después de que la familia de Olfata se estableciese en Kalam, nuestros equipos evaluaron los daños e identificaron a las familias con más necesidades en las zonas de Kalam y Ushu para realizar las distribuciones de alimentos. Las familias de desplazados son prioritarias a la hora de recibir ayuda alimentaria y la familia de Olfata fue una de las primeras en recibir 80 kg de harina, 5 kg de galletas con alto contenido en proteínas y 2kg de comida enriquecida y ya preparada para bebés menores de seis meses.

“Ya no siento hambre”, nos cuenta Seema.

“Ahora comemos tres veces al día y también nos comemos esas galletas”, explica Olfata, mientras abre un paquete de galletas.

El sufrimiento por la pérdida de Fozia no se va a ir, pero al menos la familia ahora recibirá comidas completas durante las próximas semanas. Su familia también ha sido seleccionada para recibir los kit para el refugio que les permitirán establecer un hogar temporal.

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2 Comments

  1. Ay, Adolfo. No queda más remedio que caminar a contracorriente (basta rastrear en la prensa lo que se dice sobre este desastre: arrumbado, cuando hay información, al final de la página) sin demasiadas esperanzas. Con lo sencillo que resultaría para los llamados países ricos ayudar a paliar los efectos de esta y de otras catástrofes.

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