Mi no entender

Fecha estelar: 45/7865 (joder, siempre quise escribir esto .-P)

Grupo 6 de vigilancia orbital alrededor planeta “Tierra”, para el comando estelar, nebulosa 225.

A la atención del comandante Est-ebán

En respuesta a su petición de hace unos días, le envió mis opiniones sobre el “riesgo” y los humanos. Al parecer, el riesgo queda definido como poner la integridad física, psicológica o económica del individuo en peligro. Aun cuando en muchas ocasiones los humanos se “arriesgan” (así denominan a la acción de poner en peligro esa integridad) para conseguir algo importante, y eso ha sido una de sus más importantes características a lo largo de su corta historia, parece ser que obtienen mucha cantidad de eso que llaman “felicidad” (si no entiende el término, leáse mi anterior informe) del mismo hecho de realizar algo “arriesgado”.

Le pongo a usted tres ejemplos, sacados de aquella red que montamos hace unos años para que los humanos nos hicieran parte del trabajo de vigilarles.: Youtube. En el primero, una veintena de humanos, a bordo de unos engendros mecánicos altamente ruidosos pero veloces, llamados motos, y bajo la máxima expectación de decenas de miles de personas, compiten por llegar primero en una carrera. Por lo visto, los ganadores son recompensados con bastantes unidades monetarias y conocimiento popular. Sin embargo, la motivación principal suele ser la propia competición. Y arriesgan la vida, como puede ver usted mismo:

En el segundo ejemplo, se trata de un único individuo quien se enfrenta a un ejemplar de otra raza habitante de la tierra, llamada “toros”, al que obligan a luchar en una batalla desigual, que siempre acaba con la muerte de este último. Esta batalla también es contemplada por numerosos humanos, quien incluso aplauden la consecución de heridas al ejemplar de la otra raza. Aún siendo desigual, no es raro que el toro, en legítima defensa, logre herir gravemente, e incluso matar al humano. Veálo usted mismo:

Y por último, mi comandante, le envio un documento que prueba que la emoción que los humanos encuentran en arriesgar su vida no depende de que obtengan reconocimiento o unidades monetarias con ello, sino que es la propia acción lo que satisface esa extraña ansiedad por alcanzar los límites.

Es curioso comprobar que a la mayoría de humanos la primera práctica (las motos) les parece divertida y placentera, y entienden perfectamente que esos “motoristas” arriesguen su vida, e incluso que su principal motivación sea el propio riesgo al hacerlo, esa emoción que le comentaba. Al igual pasa con la segunda práctica, que si bien está limitada a pocos territorios y es contestada por bastantes, lo es sólo por la obligación del ejemplar no humano a ser sacrificado. Se entiende perfectamente que un individuo arriesgue su vida saltando a un espacio circular a enfrentarse a un toro.

Pero sin embargo, en el caso de los individuos más jóvenes que se arriesgan colocándose bajo los trenes, la reacción popular es totalmente contraria. Afirman que es descabellado hacerlo, que es una locura, que es inaceptable. Si los mismos humanos aceptan y toleran el riesgo en unos casos, y les parecen héroes quienes lo practican ¿que cambia en el tercer caso?

No puedo ofrecerle, mi comandante, mayores conclusiones. En realidad, mi no entender.

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13 Comments

  1. Supongo que cambia el hecho de que son niños. Los adultos son conscientes del “riesgo” para los niños es sólo un “juego” o una prueba de valentía.
    Además, entre adultos, el riesgo es muy relativo dependiendo de quien lo juzgue.

    Un saludo

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  2. pues yo soy una humana con todas las condiciones.. entiendo el riesgo que se asume en los dos primeros casos y no en el tercero…

    quizás tendrá que ver que hay compensación económica??? que el riesgo cuando es por dinero o por amor se justifica????

    sinceramente, me encantaría “escuchar” un comentario al mío, si no es molestia, claro

    besos

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  3. Para aquellos que practican cualquiera de las modalidades de riesgo supongo que el subidón de adrenalina lo justifica plenamente. Los que somos simples espectadores asumimos socialmente los dos primeros por estar ‘regulados’ y suponer preparación a las personas que lo practican mientras que solemos tachar de ‘barbaridad’ el tercero por salirse de las normas (algo parecido ocurre con el ‘balconing’ frente a los saltos deportivos desde acantilados). En los dos primeros casos suponemos que el riesgo es controlado mientras que no es así en el último y esta puede ser otra de las razones para justificar e incluso aplaudir unos y rechazar otros.
    En cualquier caso interesante reflexión, has tenido buen ojo con el post.
    Saludos.

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  4. Maba: El riesgo tiene muchas maneras de justificarse. En el caso de las vías del tren, creo que, pensándolo un poco más que el que escribe el post, jeje, tiene que ver con la aceptación de las reglas. Los niños están excluidos de la sociedad, de la misma que organiza carreras de motos o corridas de toroa. Sin embargo, su ansia de juego y riesgo es exactamente la misma, y tiene que ser probada de igual manera. Los trenes es lo que tienen más a mano. Y nunca es molestia satisfacer una petición 🙂 Un abrazo

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  5. Paco: Si, creo que ese también es un factor a tener en cuenta. Sin embargo, creo que hay veces que los límites para aceptar el riesgo de muerte son muy difusos en muchos casos. Gracias por pasarte y por el comentario

    Ciberculturalia: Gracias, Carmen… tantas cosas por entender 😦

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  6. En mi caso, por si te sirve para el estudio, te diría que apruebo (o al menos no desapruebo) las motos y otros inventos porque todos los participantes son adultos que saben en lo que se meten y el precio que pueden pagar. En el caso del toro nadie le ha pedido su opinión, y en el de los trenes hay un conductor que con un poco de mala suerte lo mismo se queda traumatizado de por vida. Eso sin contar con el consumo de sustancias estupefacientes que, quizás, distorsionen un poco lo que son unas cantas toneladas de hierro viniendo hacia ti 🙂

    Espero ser de ayuda..

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  7. Empezaría por decir que delante de toros también se ponen ninños, o casi niños(el curso pasado di clase a un novillero: nada que ver con las pellas ;)), y el público que acude al coso aplaude, jalea, saca el pañuelo, silba igualmente.

    De alguna manera se ha indicado en los comentarios que el rechazo de lo que sucede en el último ejemplo no depende del riesgo en sí, sino de si este se atiene o no a reglas determinadas o sancionadas por la costumbre, la cultura o la tradición. En el caso de los chicos del tren, quizá no pese tanto el hecho de que sean chicos (el espectador se echaría las manos a la cabeza también si fueran adultos), como el de ser excluidos, marginados y, por tanto, para, digamos, el ciudadano civilizado, radicalmente otros. Es el mismo tipo de visión o cosmovisión que equipara la guerrilla al terrorismo y olvida que los ejércitos están hechos, en último extremo, para matar inocentes, si hace falta.

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  8. Estoy contigo… yo tampoco entiendo la dinámica que hay tras el placer de arriesgar la vida. Ni el subidón de adrenalina. Me parece obsceno, fuera de lugar, e irrespetuoso con la esencia del ser humano, pero bueno, me imagino que una persona que lee y escribe es porque busca las emociones en las palabras y así como ellos nunca entenderán esto nosotros nunca entenderemos aquello.

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