Huellas

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Huellas de besos, que hacen que mojes tus labios y cierres tus ojos. Huellas de noches y calles, de miradas a través de las conversaciones. Si rodeamos al del Havana Cola y pasamos a la izquierda del de la Mahou, nos encontramos en la tercera mesa, bajo la enésima copia de la Marilyn de Warhol. Huellas de caricias y sus cicatrices, esta fue un adios, aquella un hasta pronto, está dolió a lo Sabina: 19 días (más bien 22, habrá que sumar los no-paseos a El Retiro) y 500 noches. Pero también huellas de caricias y sus mantas, de sacarlas en los días de lluvia y pelis de libros de Jane Austen. Hoy me pongo la manta de aquella caricia de diciembre, cuando me preguntaste si quería besarte por primera vez.

Huellas de adioses, de amigos. Huellas como patadas y huellas como palmadas. Huellas que dejan huella. Huellas que duelen y huellas que se alejan en el suelo. Estamos hechos de ellas y hacemos poco a poco a los demás de las nuestras. Huellas de ojos, de dedos, de cinturas. Huellas de sexo, de deseo, de envidia o pena. Huellas imborrables y huellas innombrables.

Y porque no, las huellas del neoyorquino Kevin Van Aelst

Visto en Abduzeedo

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9 Comments

  1. Huellas suaves de niños, y huellas profundas de abuelos, huellas recientes de los que apenas llegan, y huellas eternas de los que siempre han estado, y entre todas las huellas, las de los que nunca quisieron dejar huellas pero que al final las dejaron.
    Un saludo.

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