Escaleras pá fumar

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Andaba trasteando por el blog, y me he encontrado con una serie de entradas a las que llamaba “A fumar a la escalera”. Tiempos aquellos. De cuando salía a fumar a una escalera de incendios de planchas de metal y cielos de Madrid. Pase allí muchos cigarrillos. contemplando el mismo paisaje una y otra vez. O no. Porque parecía el mismo paisaje siempre, con los mismos edificios, la misma calle, los mismos dos tramos de escaleras para subir o para bajar, casi los mismos coches. Pero había ciertas e importantes variaciones. A veces la calle parecía triste, con las nubes grises muy bajas, de un gris enfadado, de mala leche. Y los edificios parecían esconder grises historias, apesadumbrados inquilinos con tareas tan grises y pesadas como las nubes.

A veces llovía, y debías encontrar el sitio exacto entre las goteras para no mojarte, y aunque pareciera imposible, mirabas los edificios y parecían también querer esconderse de la lluvia, como si pudiesen encontrar un hueco donde las goteras de las nubes no pudieran mojarlos. Y a veces, muchas veces, lucía el sol. Y podías asistir a un maravilloso desfile de formas blancas diseminadas por el cielo. Grandes carrozas de nubes, filas prietas y blancas en perfecta y lenta armonía. Y entonces los edificios también se tendían al sol. Y podías imaginarte que el tramo de escalera que bajaba podría perfectamente llevarte a una playa, y el que subía trasladarte a un sitio desde donde podrías tocar perfectamente las nubes.

Termine por aprender a mirar ese pequeño mundo con ojos diferentes. En los minutos que duraba un cigarrillo, había posibilidad de aventurar mi mirada por todas las esquinas posibles de aquel diminuto reino. Las cosas tienen siempre una parte de su ser que sale de como las miramos. Y yo miraba aquellas planchas de metal y aquellos muros intentando ver más allá. El mundo tras la puerta se paraba un poquito y todo se convertía en algo diferente. Quizás toda vida debiera tener una escalera de incendios para salir de vez en cuando a echarse un cigarrito, real o simulado, y pararse simplemente a pensar en la forma de las nubes o en como los edificios pueden esconderse de la lluvia o tenderse al sol. Salirnos de todo e intentar ver las cosas desde otro punto de vista, dejarnos soñar y que nuestras ideas se aventuren en cosas que no tengan mayor importancia que el destino de una simple escalera de metal. Puede.

Como puede que este texto, estas palabras, estas fotos del lugar hechas durante esas breves salidas, no sean otra cosa que salir a fumar a la escalera de mis ideas, y pensar un poco en las nubes mientras termino mi cigarrillo.

Categorías:Erase una vez, Miradas66Etiquetas: , ,

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