Un nombre

Segunda nació un 14 de abril de 1931. Hoy cumple 80 años. Sus nietos irán a visitarla por la tarde, y la cubrirán de besos. La más pequeña la está haciendo un dibujo, y la hará llorar, aunque ella todavía no lo sabe. Segunda vive de poco a poco, dando gracias a cada día que despierta y a cada uno que termina. Ya no se mueve como antes, aunque los achaques aun le permiten dar paseos por su Madrid querido.

Segunda está orgullosa de su nombre. Sus padres se lo pusieron en recuerdo a una fiesta a la que no pudieron ir, pero que siempre tuvieron en mente. Una fiesta que llenó de sonrisas la Gran Vía. Una fiesta de esperanza. Una fiesta para celebrar el futuro. Segunda se llama así porque nació el mismo día que la II República. El mismo día que España iniciaba un nuevo camino, como poco, distinto al que había mantenido durante siglos. A sus padres les pareció un nombre perfecto, aunque fuera la primera hija, teniendo en cuenta que las casualidades de la vida habían dado a su abuelo por parte de Rufino, el mismo nombre con distinto género, Segundo. Dependiendo con quien hablasen y la época en que lo hicieran, ambas explicaciones sobre su nombre se fueron sucediendo.

Segunda no tuvo una vida fácil, pero tampoco se puede decir que la tuviera difícil. Cierto es que con los años se enteró que sus padres tuvieron dificultades en los años de la guerra y tuvieron que marcharse de Madrid, pero más allá de bandos y lealtades, fueron sus tres hermanos, ella y el hambre lo que les hicieron irse para aquel pequeño pueblo de Murcia donde transcurrió su infancia. Con los años comprendió el miedo que a veces se dejaba traslucir en la cara de su madre o los ademanes nerviosos de su padre cuando alguna noticia, visita o personaje les traían recuerdos de ciertas luchas.

El miedo. Eso siempre fue lo más difícil de llevar. Miedo a pensar diferente que muchas de sus amigas. Miedo a decir algo inconveniente. Miedo a que aquellas conversaciones nocturnas con su padre, que fueron cada vez más frecuentes según fue creciendo y convirtiéndose en mujer, la delataran en un mundo en el que no tenían cabida. Pero ese miedo la hizo fuerte, ese miedo fue precisamente lo que la convenció de que debía de estar orgullosa de su nombre y de lo significaba. Ese miedo fue la que le hizo investigar a su manera y como pudo en la historia que había detrás. Y también, con el tiempo, a trabajar por ello. Trabajar para que volviera algo que ella terminó de entender como legítimo. Trabajar para correguir tantos errores como tuvo.

Porque Segunda entendió enseguida que aquella aventura, aquel sueño que nació en el mismo día que ella, no fue perfecta. Tuvo partes de sueño y pesadilla, de aventura romántica y de pelea callejera, de vuelos altos y golpes bajos. Pero eso la hacia humana, como los intentos que todos hacemos en nuestra vida. Como las dos veces que rechazó a Francisco por pensar que reía de ella, como el tiempo que tardó en decirle la verdad de su nombre por si acaso. Aunque luego siempre se rieran pensando en la casualidad que había unido tales nombres. Ella quería la República que hizo que unos padres sonrientes la pusieran un nombre que siempre la supo a cielo abierto y a esperanza.

Con el tiempo, esa esperanza casi se vio cumplida y llegaron tiempos en los que pudo hablar y opinar y decir lo que pensaba. Fueron años en los que parecía que todo salía a borbotones tras tantos años de silencio y miedo. Realmente, Segunda pensó que aquello hubiera devuelto gran parte de la sonrisa a sus padres, aunque no fuera exactamente por lo que lucharon en su día. Pero a Segunda la encantaba, porque ella podía contar por fin con orgullo la historia de su nombre. Siempre reía al hacerlo, todas las veces. Por encima de todas aquellas cuestiones históricas y políticas, de vencedores y vencidos, de partidos y banderas, todo era tan simple como que ella, después de tanto tiempo, no tenía que mentir. Así de simple, así de grande, así.

Y hoy, vuelve a mirar por la ventana y a recordar un día que nunca vieron sus ojos pero que está seguro de haber vivido. Un día de cielos y futuros abiertos. Un día de sueños. Recuerda y agradece. Y sonríe pensando en la broma que volverá a hacer como en todos los cumpleaños. Porque hoy, 14 de abril, volverá a preguntar a sus nietos cual de ellos será el que la haga el regalo de llamar a uno de sus hijas Tercera.

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