Vacaciones

Dejo a su jefe detrás de la mesa de su despacho, gris y gordo, tan absurdo e inmenso como siempre. Dejó a sus compañeros sentados delante de pantallas planas como tantas vidas, llenas de números cambiantes como tantas vidas, sin que el hecho de que su falta fuera a cambiar ni lo plano ni los números. Abandono en el ascensor la sonrisa de diseño, las conversaciones del tiempo y los resultados de fútbol y primitivas. Al salir del edificio quedaron en el suelo la corbata, la chaqueta, y un maletín que siempre pesaba demasiado.

En el coche ignoró las noticias, las canciones del verano y el atasco, la silueta de la ciudad, las filas, las esperas y los andamios. Fue sobrepasando los molinos de viento, las fábricas, las tiendas de muebles que empiezan por “hiper”, las gasolineras y áreas de descanso, los anuncios de quesos y los toros negros.

Salió del coche y lo dejó abierto, con sus zapatos y calcetines, con su camisa, con un reloj, un móvil y una cartera llena de tarjetas de visita de gente que nunca visitaría y dinero que nunca gastaría en lo que realmente valdría la pena pagar el precio que pidieran.

Al llegar a la orilla se quedó desnudo doblando sus pantalones y sus boxers, se sentó mirando al mar, con sus piernas agarradas y la mirada perdida.

Y por último, dejó su cuerpo allí sentado, mientras él se iba mezclando con el mar y sentía que sus vacaciones, ya por fin,daban comienzo.

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