De post-it y grapas

En nuestro camino por esto que llamamos vida, siempre hay historias que nos cuentan en un aparte, que vemos en el telediario mientras comemos, que pasan ante nuestros ojos con la velocidad de un tuit, que leemos en papeles carne de reciclado. Son historias post-it, que se nos pegan y nos acompañan hasta que van perdiendo su interés-pegamento, y se nos van cayendo poco a poco según va pasando el tiempo. Algunos, unos pocos, los terminamos guardando, y a lo mejor saltan en alguna barra entre dos birras y una tapa de aceitunas.

Y hay historias que se te clavan. Hay historias grapa. Son esas historias que hacen hasta daño por ahí dentro, en el corazón o en el alma, que te dejan dolorido y humano, frágil y a la vez agarrado a la vida con la misma fuerza con la que pareces temerla.

Una de esas historias grapa se me ha clavado esta mañana. Una historia que habla de la vida y de irse, y de quedarse, y de como hacerlo. Una historia de lágrimas sin quererlas y de sonrisa amplia. Una historia grapada al interior.

Una joven que se llamaba María ya no está en el Patio del Pájaro Azul. Se hacía llamar @Taube08. Por lo que dicen de ella, se fue con todas las sonrisas intactas. Las de dentro y las de fuera. Y quiso dejar un regalo a la gente que la conocía, y a la vez dejó un regalo a su madre. Mierda de vida, mierda de ida, de que no haya soluciones a lo gris, a lo negro, a las sombras. Y maravillosa vida, maravilloso sentimiento el de sentirse vivo, el de un “te quiero”, un abrazo, un beso, una caricia descuidada. El regalo fue pedir a su madre que utilizara su perfil en Twitter para despedirse de aquellos con los que anduvo por este patio. Y así ha andado María, compartiendo nombre, dolor y sonrisas desde el viernes. Dando gracias y lecciones de vida e idas con un teclado en las manos a cada uno de los seguidores de su hija. Dejando volar los recuerdos que la deben rondar. Con el dolor en los dedos, en los ojos, en la vida, mandando pedazos de si misma y de lo que más quería a los demás.

Nadie puede concebir el dolor de perder un hijo. Sólo atisbo tras el cristal de mi  pantalla su dolor, su entereza, sus sonrisas apagadas pero más vivas que nunca. Pienso si me faltaran los mios y se me grapa más la historia de estas dos Marías. Me duele pero sonrio por su manera de irse y su manera de llorar, y su manera de decirle al mundo que tenemos que mirar la vida cada día como lo que es, un inmenso regalo que debería estar siempre sin desenvolver.

Esa es mi historia grapa de este sábado agridulce. Y a ti, María, madre, poco te puedo decir en la distancia. Sólo darte un abrazo tan imaginario como sincero. Es poco decirte que lo siento. Es poco darte las gracias por hacer de diccionario de palabras como vida, amor, madre, hija o amistad. Nunca será igual nada para ti, pero siempre llevaras el recuerdo de todas las sonrisas dejadas por tu hija en el rostro de los demás unos días de noviembre. Un abrazo.

Categorías:Desde esta parte del Patio, Por aquí dentroEtiquetas: , , , , ,

5 Comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s