El Periodismo en cinco tuits (como poco)

Teófilo es un informador callejero, de esos que se saben todas las movidas de la calle y están al tanto de esto y aquello, de los pequeños trapicheos, de quien es quien y de quien manda. El periodista acude a él cuando necesita saber aquello que se oia de “el pulso de la calle”, de las pequeñas cosas, de lo que se dice en los corrillos de bar con birra o café con porras. No le preguntes por la Prima de Riesgo, pero si lo haces por el sobrino del Antonio, te cuenta hasta qué muela es la que tiene picada y si ha comido chipirones en las dos últimas horas.

Ubaldo es el experto. ¿En que? En todo, que Ubaldo es mucho Ubaldo. Si necesitas un dato o no tienes claro como funciona un condensador de fluzo, no tienes más que preguntarlo. El periodista necesita al amigo Ubaldo porque así se asegura la calidad de su trabajo, y evita ciertas meteduras de pata que son poco recomendables. Lo mismo en economía que en deportes, en cocina que en diseño, Ubaldo es un crack que el periodista no debe tener nunca demasiado lejos.

Isabel es la chispa, la otra manera de ver las cosas. La inteligencia aplicada a darle una vuelta a cualquier asunto para que pensemos de otra manera sobre él, y ver un poco de rojo en el azul, un poco de calor en el frío, un poco de esperanza en el fatal destino. A veces ironía, otras sentido común, las más un poco de alma a la vida, que ya es gris de por si. El periodista necesita a veces ver el humor de una mala situación, la ironía de una acción con ínfulas de revolución, o a la persona más que a la noticia.

Teresa es el debate, la respuesta, lo contrario. La abogada del diablo. Si lo ves blanco, ella te lo pondrá oscuro. Si lo oscureces, el argumento será buscar algo más claro. Si eliges ventana, que por la puerta. Si por la puerta, correrá a abrir la ventana. El periodista encontrará razones, lógica y argumentación, y por supuesto, buenas maneras, que se puede discutir sin jarrones rotos por el suelo.

Sergio, por último, es el más importante.  Es el oyente, el lector, el cliente, el del mando. Es al que informar, divertir, ilusionar, captar. Es con el primero con el que el periodista tiene que contar al realizar su trabajo. Es la diana, el objetivo final. Pero no es un número, no es una letra del índice. Es una persona, con capacidades similares al mismo periodista. Y lo mejor es que tiene algo de Teófilo, Ubaldo, Isabel y Teresa. No es cualquiera, no es un fan al otro lado del escenario, no es alguien que se acerca a la ventanilla. Sergio soy yo, y tú, e incluso el periodista.

Bueno, pues ya están los cinco tuits. Ah, ¿que no son cinco tuits, sino cinco iniciales de la palabra “tuits”? Jo, que fallo, leñe. Pero mira, lo mismo nos vale para indicar que esas cinco personas, esas cinco iniciales, tienen perfil y se comunican en Twitter, y que el periodista, al menos en mi opinión, debe estar dispuesto a utilizarlo para conseguir que todas ellas le sirvan, de alguna manera, para hacer mejor su trabajo. Y eso, eso va más allá de 140 caracteres.

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