Los imborrables de E. Ness

Podría apostar a que 9 de cada 10 lectores del título del post han puesto el nombre “Eliot” a esa E. No es de extrañar, porque yo hubiera hecho exactamente igual hasta esta misma mañana, cuando trasteando por esos enlaces de Dios he topado con el nombre de Evaline, que es al que corresponde en este caso esa inicial. Pero siendo justos, algo sí que se habrían acercado a la solución, porque tiene truco. Evaline fue la segunda mujer de Eliot, el famoso Eliot Ness, al que todos ponemos el careto de Kevin Costner, una metralleta en la mano y la compañía de Connery en virtud a la película de Brian de Palma.

Eliot también era el segundo en la lista de matrimonios de Evaline, y curiosamente, el siguiente de ambos ya fue el definitivo. Sólo estuvieron casados 6 años, de 1939 a 1945, y parece ser que más que problemas de cariño, la pareja se disolvió por el singular trabajo del “Intocable”, mucho más ducho en atrapar delincuentes que en conservar intacta su vida privada. A pesar de la separación, Evaline mantuvo el apellido Ness, y de esa manera firmó todos sus trabajos como ilustradora, que es por lo que realmente, y de manera meritoria, ocupa este espacio.

Nuestra amiga ya era ilustradora cuando contrajo matrimonio con el agente Ness, pero su trabajo más meritorio y reconocido lo produjo unos años más tarde de su divorcio. Estudió arte en varias academias europeas, y trabajo en Nueva York como ilustradora de moda, para llegar más tarde, en 1954, a los trabajos por los que más se la conoce, la ilustración de libros infantiles, de los que incluso escribió alguno, ganando varios premios importantes por su labor.

Evaline Ness pertenece a esa generación de ilustradores norteamericanos que llenaron de arte la publicidad, las revistas y los libros durante el periodo de los años 40 a 60 del siglo pasado, cuando la fotografía aun no rellenaba ese hueco y los ordenadores eran pura ficción. Ignoro si mantuvo el apellido del Intocable por razones publicitarias o simplemente porque aún mantenían algún vínculo, pero estoy seguro que aunque nunca se hubieran conocido, hubiéramos terminado, de una manera u otra, conociendo a sus imborrables ilustraciones.

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