La moto a vapor de Sylvester

Sylvester H. Roper era, sin lugar a dudas, un tipo listo. Con 12 añitos, se marcó la construcción de una máquina de vapor, sin haber visto nunca ninguna. A los 14, hizo lo mismo con una locomotora. Y hablamos de los años 30…. del siglo XIX. Una época en la que este mundo nuestro comenzaba a acelerar de la mano del vapor. Algo así como todo movido por esa olla a presión que hace unos guisos tan ricos.

El amigo Sylvester podría ser, también sin duda, uno de los héroes del “Steampunk“, esa corriente de literatura, cine o cómic donde la tecnología de vapor es la predominante, y todos vamos vestidos de súbditos de la Reina Victoria y encargamos nuestros casos a un tal Holmes. Tiempos de horizontes, de imaginar que la tecnología salvaría al mundo, otorgaría libertad al hombre y daría a las máquinas el papel de benefactores universales. Pasado el tiempo, y mientras Sylvester seguía, dale que te dale, inventando, el mundo se llenaba de máquinas sorprendentes, que parecían confirmar el papel que se les estaba dando. Nunca el hombre había corrido, fabricado o transportado mejor ni más rápido. Si un siglo después fue la música quien pareció traer la posibilidad de salvarnos, en los años 60 del XIX fue la ebullición del agua quien tenía la exclusiva.

Sylvester contribuyó a todo aquello construyendo la que muchos consideran la primera motocicleta. Comparte ese honor con un francés. Pierre Michaux, y un alemán, Gottlieb Daimler, de los Daimler de toda la vida. Teniendo en cuenta que Sylvester era americano (que se me había pasado decirlo), podemos concluir que la invención de la moto bien podía empezar como un chiste: “Van un americano, un francés y un alemán….. ” e inventan la moto. Claro que es verdad que hay puristas que van comentando por ahí que una motocicleta es, por definición, un vehículo de dos ruedas con motor de combustión interna. Pero que queréis que os diga. Para mi una cosa con dos ruedas y un motor, ya le mueva gasolina, vapor o un condensador de fluzo, sólo tiene un nombre: moto.

Pues ahí tenemos a nuestro inventor, creando motores a vapor y colocándolos en una especie de bicicletas que había que verlas. La verdad es que sorprende mirar las imágenes y pensar que aquello podía moverse a casi 70 km/h. La misma velocidad que había conseguido nuestro protagonista el 1 de junio de 1896, cuando andaba piruleando por la ciudad de Cambridge, y tuvo un accidente que al parecer le causó un ataque al corazón. Al inventor le pudo, muy en plan Frankenstein, su creación.

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