Enredos

Enredar mis labios en el espacio entreabierto de los tuyos. Enredar mis dedos en tu pelo, después de recorrer en superpuestos círculos supuestos la piel de tu espalda mientras las miradas se pierden en el enrevesado argumento de una serie. El protagonista investiga y mi dedo anular hace lo propio con un rincón de tu cuerpo que le gusta. Mezclo recorridos lentos con apretarte a veces, lo suficiente para comprobar que no eres sueño.

Enredar mis ideas en los principios de las tuyas. Contrastar el valor de un instante, el precio de un reflejo, lo inestable del presente, la esperanza de un futuro. Discutir sobre humanos, robots, pasteles y la alineación de Özil en el próximo partido. Poner en la balanza los rojos, los azules claros, los marrones solemnes, un amarillo chillón y el negro de tu ropa interior una noche cualquiera. Nunca sabré cual es el color albero, pero me enredo en el de tus ojos abiertos riendo porque he dicho cuna chorrada.

Enredarme contigo, mezclarme. Vivirte mientras me vives. Que no se escape ese segundo, que luego ya no vuelven, y los necesito todos por si quiero sentarme una tarde tonta de abril a recordarte.

En fin, enredos.

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