Se dijeron adios

Se dijeron adiós como el viento, haciendo volar algún papel sin destino fijo. Se dijeron adiós con manos frías, ausente el calor, pegado aún a las tazas del último café. Con la mirada un poco gris, un poco de película antigua, de esas que pasas con el mando un noche sin dormir.

Se dijeron adiós esquivando las miradas, con la suya él en una vieja bolsa del Corte Ingles derrotada en una esquina, y ella en un neón estropeado que se negaba a dejarse apagar del todo y hacía esfuerzo intermitentes por no hacerlo. Se dijeron adiós como quien quiere correr, apresurados, como con metros que coger a punto de partir.

Se dijeron adiós mientras la gente pasaba, al tiempo que algunos cerraban las tiendas, otro día sin nada que vender, a la vez que otros pedían la primera cerveza de la tarde, la única compañía que iban a tener. Se dijeron adiós en medio de la nada, y alejados de todo, como el sol cuando huele a que va a empezar a llover. Descolocados y sin besos, con caricias caducadas sin usar, como a la playa cuando sale arena de las maletas en octubre, igual que las revistas del kiosco descoloridas por la luz.

Se dijeron adiós a mediados de noviembre, el único fin de semana que llovió de todo junio, una tarde de tímido sol en pleno mes de abril. Se dijeron adiós sin tiempo y sin espacio, un poco tonta ella, un poco tonto él, un poco los amantes de Teruel.

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