De que el Terminator T-1000 no murió, que se nos convirtió en una bella montura.

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No hay más que verla para darse cuenta. Sus perfiles, su textura, su manera de curvarse sobre las ruedas. Basta con mirarla durante un par de minutos a lo sumo para convencerse de que nos engañaron, nos la dieron con queso. El T-1000, aquel Terminator de metal líquido no murió licuado en aquel alto horno de la fábrica donde también termina Chuache. Y ha regresado camuflado como una preciosa moto que luce su aspecto metálico intentando despistar haciendo obvio lo que esconde. Y ya sé que los más frikys diréis que un T-1000 no podía convertirse en una máquina, pero me remito de nuevo a las imágenes para responderos que es otro engaño.

Un engaño tan perfectamente montado que Skynet hasta se ha creado una marca de personalización de motos como tapadera, Death Machines of London (Death Machines, lo pilláis, ¿No?), que ha modificado una Moto Guzzi LeMans MK II de principios de los años 80 para homenajear al cofundador de la marca italiana, Giovanni Ravelli, un apasionado de la aeronáutica, y que a ese aspecto se deben sus líneas y la disposición de sus elementos. Airforce la han llamado.

Pero a mí no me la dan. Y ya mes estoy preparando para el inminente regreso del T-1000. Os dejo las imágenes para que juzguéis por vosotros mismos. Avisados quedáis.

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