Los Huevos de James Bond

Se habla muy poco de los huevos de James Bond. Tanto aparatito, tanta chica Bond, tanto Martini agitado, y nada sobre sus huevos. Y no será por falta de atractivo, desde luego, porque es leer sobre ellos y que te entren unas ganas terribles de comérselos. Haz la prueba:

  • Romper los huevos en un bol. Batir a fondo con un tenedor y sazonar bien. En una cacerola pequeña de cobre (o cacerola de fondo pesado) derrita cuatro onzas de la mantequilla. Cuando se derrita, vierta los huevos y cocine a fuego lento, batiendo continuamente con un pequeño batidor de huevos.
  • Justo cuando los huevos están un poco menos hechos de lo que desearía comer, retire la sartén del fuego, agregue el resto de la mantequilla y continúe batiendo durante medio minuto, agregando cebolletas finamente picadas u otro aderezo. Sirva en pan tostado con mantequilla caliente en platos de cobre individuales junto con un champán rosado.

¿Tenía o no tenía razón? ¿Apetitosos, verdad?

Y es que el lado sibarita del agente secreto más famoso de la historia del entretenimiento incluye, como no podía ser de otra manera, una vertiente gastronómica. Y he aquí que la comida favorita de 007 no es otra que… en efecto, los huevos. en todas sus vertientes y formatos, según describen en el blog Food & wine, donde, además de reseñar la receta de esos huevos revueltos “a lo Bond”, que Ian Fleming escribió para un relato titulado 007 en Nueva York, dejan constancia de unas cuantas secuencias literarias donde Bond, James Bond da cuenta de su amor por los huevos. Para que vean (y gusten).

 

1. Vive y deja morir:

El agente 007 se prepara un desayuno consistente antes de comenzar su trabajo:

  • “Paw-paw con una rodaja de lima verde, un plato lleno de plátanos rojos, manzana estrella morada y mandarinas, huevos revueltos y tocino, café Blue Mountain -el más delicioso del mundo- mermelada jamaicana, casi negra, y jalea de guayaba. Mientras desayunaba en la terraza, Bond, con pantalón corto y sandalias, contemplaba el panorama de Kingston y Port Royal iluminados por el sol, y pensaba en la suerte que tenía y en los maravillosos momentos de consuelo entre los de oscuridad y peligro de su profesión.”

El paw paw es un tipo de papaya al que también se le llama banano de montaña, con un sabor mezcla de plátano y mango. Los plátanos rojos (que ya han empezado a cultivarse en Canarias) tienen la piel rojiza y su sabor puede tener toques parecidos a la frambuesa, y la manzana estrella morada es una fruta tropical a la que también se conoce como caimito o fruta de leche, con múltiples beneficios para la salud.

1973 vive y deja morir Jane Seymour Roger Moore-009

Bond no es el único que considera al Blue Mountain como el mejor café del mundo, con un precio en España que ronda los 60 € el kilo -ya puede estar bueno, añado-, ni por supuesto es desconocida la mermelada jamaicana o mermelada de flor de jamaica, por lo que parece, también muy popular en Méjico.

 

2. Diamantes para la eternidad

Aunque pueda parecer que el elemento natural del agente 007 son los casinos y hoteles de lujo, no descarta disfrutar incluso de un almuerzo de carretera, como el que describe Fleming en un viaje en coche a Saratoga Springs con el agente de la CIA, Felix Leiter, cuando se paran en un local de nombre The Chicken in a Basket y se meten entre pecho y espalda unos huevos revueltos, salchichas y una tostada de centeno con mantequilla caliente acompañados de una cerveza Millers Highlife, rematados con un café helado.

Si prueban todo eso con una Mahou, no llegan a Saratoga a tiempo…. que repiten.

1971 diamantes para la eternidad sean connery-024

 

3. Desde Rusia con amor

En este clásico de las novelas de Bond, descubrimos que…

  • “…El desayuno era la comida favorita de Bond del día. Cuando estaba en Londres, siempre era lo mismo: un café muy fuerte, de De Bry en New Oxford Street, hecho en una American Chemex, del cual bebía dos tazas grandes, negras y sin azúcar. El huevo solo, en la huevera azul oscura con un anillo de oro alrededor de la parte superior, lo hervía durante tres minutos y un tercio. Era un huevo marrón muy fresco y moteado de gallinas Marans francesas, propiedad de un amigo de May en el país. (A Bond no le gustaban los huevos blancos y, caprichoso como era, le divertía sostener que existía algo así como el huevo hervido perfecto). Luego había dos rebanadas gruesas de pan tostado de trigo integral. una gran porción de mantequilla de Jersey de color amarillo intenso y tres frascos de vidrio que contienen mermelada de fresa Tiptree Little Scarlet; La mermelada de Oxford Vintage de Cooper y la miel de brezo noruega de Fortum’s “.

Vaya, vaya, con el Bond, que aquí sí que demuestra su grado de sibaritismo. La chocolatería De Bry ya no existe, lamentablemente para los fans de 007, pero sí que se puede comprar con facilidad una cafetera de vacío American Chemex o el café que ya sabemos era el preferido de James, el Blue Mountain jamaicano.

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Las gallinas de raza marans, en efecto, producen los huevos más oscuros que se conocen, tanto que casi parecen de chocolate. En cuanto a los tres frascos de vidrio, la mermelada Little Scarlet se elabora a partir de pequeñas fresas cultivadas exclusivamente por la familia que la fabrica,  la Oxford Vintage utiliza una receta original de 1874 con naranjas de Sevilla y azúcar caramelizada, y en Fortnum’s -al menos online- ya no venden la miel noruega, pero será por mieles, oiga.

 

4. Alta tensión

Parece ser que Bond también tiene días malos, en los que no tiene ganas de nada, incluyendo ese “nada” hasta a sus famosos Martinis. Bueno, de nada menos de… huevos, claro:

  • “Bond encendió la cocina de gas, quemó el mensaje con desprecio por su profesión, y luego se preparó un vasto plato de huevos revueltos y tocino que se amontonó sobre una tostada con mantequilla, y se sirvió un poco de café negro en el que había vertido una buena cantidad de whisky.”

 

5. 007 al Servicio Secreto de Su Majestad

Parece claro, por todo lo que hemos indicado, que los huevos de James Bond son válidos para cualquier momento y situación del día, y que todo plan que pueda llamarse perfecto debe incluirlos en su menú:

  • “Eran las siete. Bond se trazó un plan para aquella noche. Primero prepararía su equipaje con minuciosidad, sin olvidar ningún detalle; luego se tomaría un gran plato de huevos revueltos aux fines herbes y por último se bebería dos vodkas con agua tónica, para meterse en la cama ligeramente achispado”.

Huevos, los huevos de James Bond.

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