Tanto monta, monta tanto. Una docena de reinas de película.

Reinas, como no podía ser de otra manera después de haber hecho la visita al sector masculino de la monarquía. Y es que la reinas del cine merecen un aparte de sus compañeros de profesión, porque a pesar de que número en la historia ha sido menor, su importancia y sus personalidades han suplido con creces esa diferencia de cifras. Y es que pocos faraones pueden competir con el atractivo de Cleopatra, y menos incluso de los reyes británicos tienen más interés que Isabel I o Victoria.

Por supuesto, el cine ha tenido que ver en trasladarnos esa imagen de las reinas que tenemos, no en vano estrellas como Greta Garbo, Bette Davis o Elizabeth Taylor se han coronado en nuestras miradas como reinas o emperatrices, conquistando nuestros corazones al tiempo que en la pantalla vencían en batallas o consejos del reino a sus enemigos. Más vale maña que fuerza.

Como dirían los ingleses, que de reinas saben un montón, God Save the Queen.

.

María Antonieta (Maria Antonieta, de Sofia Coppola, 2006)

La que hemos terminado por conocer como María Antonieta era ni más ni menos que la decimoquinta de dieciséis hijos que trajeron al mundo la pareja formada por Francisco I y María Teresa de Habsburgo, emperadores del Sacro Imperio Germánico allá por mediados del siglo XVIII. Fue reina, aunque terminara sus días como probadora de cuchillas para guillotina en la Francia Revolucionaria, donde nunca tuvo buena fama, visto el oficio. Eso sí, tres siglos después Sofia Coppola la rescató como protagonista de una fábula como sacada de las páginas del Vogue, pelín empalagosa, pero con indudable encanto y gusto visual.

.

Cleopatra (Cleopatra, de Joseph L. Mankiewicz, 1963)

Con permiso de Lola Flores y hasta que alguien tenga a bien honrar en la pantalla grande como merecen a Nefertari o Hatshepsut, Cleo ha sido la reina de Egipto por excelencia. Y a pesar de lo que pueda parecer, no sólo a causa de Elizabeth Taylor, que también han pasado por el personaje Vivien Leigh o Claudette Colbert, ahí es ná.

.

La Reina de Corazones (Alicia en el País de las Maravillas, de Clyde Geronimi, 1951)

Hay reinas buenas, reinas malas y … y luego está la Reina de Corazones, indiscutible fan de Enrique VIII y de la Revolución francesa, así como de cualquier objeto afilado que pueda servir a su afición favorita. Mejor admirarla de lejos, si acaso.

.

Cristina de Suecia (La Reina Cristina de Suecia, de Rouben Mamoulian, 1933)

La Garbo interpreta a la Reina Cristina con su habitual y legendaria languidez, como si la vida y la corona le pesasen toneladas. Para eso era la Garbo, claro, y podía mirar al infinito como ninguna otra ha logrado hacerlo. Ya habría tiempo para que se riera unos años después, en Ninotchka.

.

Isabel I de Inglaterra (La Vida Privada de Elizabeth y Essex, de Michael Curtiz, 1939)

Para hacerse una idea de la importancia de la hija de Ana Bolena en el cine, baste decir que es, junto con el de su señor padre Enrique VIII (yerno de nuestra Isabel La Católica), el único personaje en tener a tres nominadas al Oscar por encarnarlo. Y eso sin contar que entre esas tres nominaciones no estaba Bette Davis , quien la dio vida en dos ocasiones, la última de ellas en 1955. Amos, amos.

.

Amidala (Star Wars: Episodio I – La amenaza Fantasma, de George Lucas, 1999)

Era evidente que para que la frase “Luke, yo soy tu padre” tuviera sentido, el amigo Skywalker y la princesa Leia tienen que tener una madre. Y entonces George Lucas mezcló a la Dama de Elche, al Dalai Lama y a una geisha para coronar a Natalie Portman como Amidala, ignoramos si a causa de algún trauma infantil sobre enfermedades de la garaganta (que diría Josema) reprimido.

.

La Reina de Saba (Salomón y la Reina de Saba, de King Vidor, 1959)

La historia no tiene muy claro si la bíblica y legendaria Reina de Saba exitió realmente, pero el cine tiene muy claro que no se puede desperdiciar un personaje así, por lo que hay unas cuantas con ese título pululando por la historia. La mejor, sin duda, Gina Lollobrigida. Su rey Salomón, Yul Brynner, que además salía con pelo. Porque él lo valía.

.

Leonor de Aquitania (El León en Invierno, de Anthony Harvey, 1968)

Tengo muy claro que si hay una película que debe verse, si o si, para entender esto de los reyes, las reinas, el poder y el paso del tiempo sobre ellos, es esta obra maestra con dos gigantes dentro como son Katharine Hepburn y Peter O’Toole. Para recrearse en cada escena. Por cierto que la Hepburn ganó el tercero de sus cuatro Oscars como protagonista con el personaje.

.

La madrastra de Blancanieves (Blancanieves y los 7 Enanitos, de William Cottrell, 1937)

Una de las malas más malas de todas las malas que en el cine han sido, lo cual es mucho decir. En cuanto a lo de la belleza, en la película de 1937 es posible que el espejito tuviera razón, pero habría que discutirle si cuando el papel lo encarnaba Charlize Theron, no es posible que se le hubiera pasado alguna revisión en el mecánico de espejos mágicos.

.

Isabel la Católica (Isabel, 2011)

Una historia tan larga y convulsa como la propia no podía estar exenta de figuras femeninas de alcurnia. Y alcurnia, y personalidad, y peso histórico le sobran a la reina Isabel la Católica, una de las monarcas más importantes del discurrir europeo, mal que le pese a los anglosajones. A la espera de una película que sepa estar a la altura del personaje, la aproximación más certera ha estado a cargo de la televisiva Isabel de Michelle Jenner.

.

Juana la Loca (Juana la Loca, de Vicente Aranda, 2001)

Si la madre carece de retrato cinematográfico a la altura, no ocurre lo mismo con la hija, cuya supuesta y popular enfermedad mental la ha hecho acreedora de un buen puñado de apariciones estelares, aunque tan sólo dos de verdadera altura: Aurora Bautista en la famosa y envejecida Locura de amor y la excelente Pilar López de Ayala en la homónima Juana la Loca de Vicente Aranda.

Isabel II (La Reina, de Stephen Frears, 2006)

Eso de que los ricos también lloran es una verdad como un templo. Y las reinas, también. Que se lo digan a Isabel II, reina y descendiente de reinas, cuando tuvo que asumir errores y consecuencias de esos errores a cuenta de la tragedia de Lady Di. Insuperable Helen Mirren.

.

Madre de Dragones (Juego de Tronos, 2011)

Normalmente las reinas suelen ser madres de reyes, así que serlo de dragones es como un nivel superior. Y es que hay juegos que es mejor jugarlos con todas las bazas posibles. Que se lo digan a Cersei, que daría un par de hijos y la mano buena de su amado hermano por tener un dragón bajo su mando.

.

Livia (Yo, Claudio, 1976)

La mejor serie de la historia de la televisión no lo sería sin Livia, por mucho que parezca que son los emperadores los protas. Si siempre se ha dicho que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, tras observar cómo se desenvuelve la emperatriz Livia, habría que transformarlo en que una gran mujer siempre ha debido poner a hombres delante para parecer que los grandes eran ellos. Y esa escena final con Claudio…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s