Un dial en la pantalla. Un puñado de películas sobre la radio.

La radio, la palabra, el sonido de una voz fabricando sueños. El locutor en el partido, en la calle, en el trabajo, en la noticia. La inmediatez. Ese acompañarte cotidiano, que está pero no está, que no te pide casi nada, apenas una presencia, y que te da todo lo que tiene. La radio ha sabido mantenerse en pie ante casi cualquier embate en forma de nuevo medio, y vive en permanente estado de renovación.

Movamos el dial por la historia del cine y sintonicemos algunas de las películas que han reflejado el espíritu de la radio en la gran pantalla.

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Historias de la Radio (José Luis Sáenz de Heredia, 1955)

Todo un clásico del cine español con un reparto que reúne lo más granado del estrellato nacional de aquella época, con un Paco Rabal al frente de guapo subido y un José Isbert en su nivel de siempre, o sea, inconmensurable. Costumbrismo del bueno que merece la pena ser revisitado.

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Días de Radio (Woody Allen, 1987)

Un canto de amor a la radio cotidiana, esa que siempre está y que alimentó los sueños y la vida de Allen en su infancia, que bien podría haber sido la adaptación al ecosistema neoyorquino de la película de Sáenz de Heredia. Para disfrutar y aprender historia a pie de calle, de esa que no se cuenta en los libros, si es que todavía quedan libros…

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Good Morning Vietnam (Barry Levinson, 1987)

Lo de menos es el argumento. Lo de más, el tor de force de Robin Williams como el locutor más disparatado y verborreico del ejército y la historia de los Estados Unidos. Habría que verle retransmitir un clásico. Para amantes de la payasada con sentido y de Robin en estado puro.

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Solos en la madrugada (José Luis Garci, 1978)

Otro señor homenaje a las ondas, en esta ocasión a todos esos programas nocturnos que acompañaban los sueños (o no-sueños) de toda una generación perdida (o mareada) de españolitos que salían de la transición. Para amantes de las parrafadas del cine de Garcí, entre los que me incluyo.

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Escalofrío en la noche (Clint Eastwood, 1971)

Buen melómano y más que seguro asiduo oyente de emisoras de jazz, el amigo Eastwood eligió la radio como tema para su debut en la dirección. Seguro que también habría triunfado como locutor, aun con los “problemillas” que le causa una fan demasiado fan. Interesante.

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Sin Sombra de Sospecha (Michael Curtiz, 1947)

Claude Rains y Michael Curtiz repiten a cada lado de la cámara tras Casablanca para poner en marcha esta historia sobre un locutor de radio que conduce un programa de crímenes y misterio que se debe enfrentar a un caso que es precisamente eso, un crimen misterioso. Sherlock Holmes de las ondas, maomeno.

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El Rey Pescador (Terry Gilliam, 1991)

Casi lo de menos en esta particular peripecia artúrica sería el hecho de que el protagonista del asunto fuera un locutor estrella de las ondas que cae de su pedestal a las duras aceras de Nueva York, si no fuera porque los diálogos de la película suenan a madrugada de radio, de esa de escuchar medio aquí, medio en sueños.

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Hablando con la Muerte (Oliver Stone, 1988)

Entre Wall Street y Nacido el 4 de Julio, el últimamente desaparecido Oliver Stone se marca esta historia sobre uno de esos locutores polémicos que tanto parecen triunfar en los Estados Unidos, al menos si nos atenemos a las películas. Entretenida y con ese sabor a algo más que siempre deja(ban) las películas del director de Platoon.

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Talk to me (Kasi Lemmons, 2007)

Otro de esos locutores que parecen poblar en numero cuasi infinito las ondas de allende los mares era “Petey” Greene Jr. (interpretado aquí por Don Cheadle), popular en los años setenta por abordar la lucha por la igualdad racial desde su micrófono en Washington con un tono que distaba bastante de lo escuchado en la radio hasta ese momento. A descubrir.

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Elígeme (Alan Rudolph, 1984)

Ochentera e intimista, un poco inclasificable, que muy posiblemente ahora sería más carne de serie a descubrir en Netflix que de pantalla grande, la película de Alan Rudolph tiene en su protagonista locutora nocturna al nexo de unión entre historias y personajes muy diversos. Sabor a madrugada de voces seductoras.

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El Último Show (Robert Altman, 2006)

Altman nos cuenta en su última película el último episodio de un programa radiofónico, y todo suena un poco-mucho a despedida, pero de las de buen rollo, de las de mirar hacia atrás sin ira. Esconde más de lo que parece a simple vista y anda por ahí Meryl Streep. ¿Que más se puede pedir?

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Partes privadas (Betty Thomas, 1997)

Hablando de radio, y sobre todo de radio norteamericana, no podía faltar Howard Stern, el más impresentable de los presentadores estrella norteamericanos, un tipo polémico que se interpreta a sí mismo y al que se le quiere o se le odia a primera vista. Sólo para fans y curiosos.

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La Guerra de los mundos

El discurso del rey

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